El segundo largometraje de Gonzalo Suárez es una insólita aproximación al mito de Fausto. La libertad poética y formal de la película irrumpe en la pantalla con imágenes sensuales a tenor de un montaje, por momentos, delirante y una insólita banda sonora. Seres de un lugar indeterminado del universo intentan evitar que el doctor Fausto culmine sus investigaciones y descubra un secreto esencial. Para ello envían a la tierra a Mefistófeles que, tras desempeñar su cometido, acaba seducido por Margarita y olvida su origen.