Segunda novela de la saga del inspector Erlendur Sveinsson. Ambientada en la melancólica y gélida Reikiavik, la trama utiliza el descubrimiento de un cadáver en un pantano para tejer un relato que oscila entre el thriller policial y la crítica a la historia social islandesa. Indriðason es un maestro del nordic noir por su capacidad de integrar el peso del pasado en la investigación actual.